La mentira que nos creímos

Cada vez que escucho hablar a la gente acerca de Alemania siempre salen a colación temas como sus grandes sueldos, su calidad de vida, su cultura, su cosmopolitismo, las infraestructuras, los idiomas que hablan y la gran potencia económica que son. En todo esto hay un aire de verdad, siempre desde una posición de inocencia y recurriendo al mismo tópico que nos coloca como catetos de cañi y olé.

La economía alemana es una máquina potente y enorme que funciona, nadie lo pone en duda. Sus cifras económicas hacen enrojecer al resto de países en especial a los bañados por el Mediterráneo. Sin embargo el día a día de un estudiante erasmus no está marcado en absoluto por el potencial económico de un país. Mi día a día no difiere demasiado de mi vida en Vigo, tan constipada por los complejos que pensamos que todo lo que exista lejos de nuestra desnutrida España será un paraíso en la Tierra.

La juventud española, si bien es cierto que en gran medida está lacrada por la ignorancia y la desgana, suele estar vista como gente que se dedica a beber y divertirse, a pasar el día ‘de fiesta’ y en especial la noche. Los alemanes no son diferentes. Un parque cualquiera en Saarbrücken a las seis de la tarde de un Viernes es un botellón de cerveza al mismo estilo que en España. El alcohol, que tanto degrada como humaniza, que iguala a ricos y a pobres, a jóvenes y a viejos enviándolos a todos a ese limbo temporal donde la sesera se entumece, es una religión en este país.

Los alemanes no manejan el inglés con soltura. Quizá el tópico tenga algo más de fuerza y veracidad en las grandes ciudades turísticas, pero el alemán medio no habla inglés si puede evitarlo. La juventud alemana habla mejor inglés que la juventud española, pero eso de nuevo es generalizar y recurrir al tópico una vez más. Los problemas en nuestro país ensombrecen nuestros méritos. Aquí sus méritos esconden sus problemas. Pero están ahí. El pueblo alemán no es refinado ni sibarita con la cultura. El pueblo alemán también va a Mallorca, por millares, y se emborrachan en las playas, balbucean español y  bailan la canción del caballo rojo y  la mosca que me recuerda a la famosa ‘cabritinha’.

La vida en Alemania transcurre con normalidad, no me sorprendo ni me aburro, siempre hay algo que aprender y algún tópico que destronar. Alemania es grande y diversa, las ciudades serán diferentes pero al final todas beben de la misma fuente. La mentira que nos creímos se desvanece al paladear la vida local. Alemania es un gran país, pero no son ni tan listos ni tan guapos, ni son tan ricos ni tan eficaces.

Y yo, que soy gallego, diré que habrá unos que sí y habrá otros que no.

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Published in: on marzo 9, 2011 at 8:30 pm  Comments (6)  

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6 comentariosDeja un comentario

  1. Todos los países quieren ser como Alemania, el nuestro es pequeño y neutral!

  2. Ya te comentare que me parece la capital!pero como los alrededores beber beber y beber.

  3. Coincido 100%. Peeeeero aún así Alemania mola! :)
    ¿Ya le has hablado a Angela de mí? :O :O

    besitos!

  4. Sin duda los mejores son los habitantes de Oh Caaanadaaa!

  5. Ahora no Tanya…

  6. Había pensado muchas cosas buenas y bonitas (nada de baratas) que decirte sobre el post, pero antes de empezar a escribir me he puesto a escuchar la maravillosa canción del enlace y me he quedado tan anonadada que no sé qué decir… Viva Alemania (?) ;) ¡Disfruta!


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